Una bestia sobre el escenario

María Cappa

A los amantes de la competición lamento anunciaros que no encontraréis en estas  líneas una sola comparación entre la interpretación de Lola Herrera y Natalia Millán. Afortunadamente la nueva intérprete de Carmen Sotillo ha afrontado su trabajo como el reto ante un personaje tradicional en la historia de nuestro teatro, y no como una imitación de de la actriz que lo ha representado siempre. Porque no es una imitadora de Lola Herrera, sino el nuevo cuerpo de un alma ya conocida, el artículo de hoy solo se referirá a Natalia Millán.

Las excelentes críticas que lleva cosechadas esta actriz madrileña por su actuación en Cinco horas con Mario están más que merecidas. La hora y media que Millán se enfrenta sola al público, los 90 minutos que Carmen Sotillo permanece a solas con su difunto marido, son toda una lección de teatro. Resentida, anulada y ninguneada por los libros por fin puede vomitarle a Mario todo lo que durante años pensaba, sentía y callaba. Quien vaya a ver a Natalia Millán al teatro saldrá de él defraudado. No aparece por ninguna parte. Sobre el escenario solo encontraréis una mujer cuarentona, analfabeta, portadora de la soberbia de la clase bien de los años 60 en España, que se siente valiente solo cuando nadie más que ella puede escucharla.

El imponente trabajo realizado por esta experimentada actriz solo puede sostenerse por su dilatada trayectoria en el teatro. Cómo camina, cómo mueve las manos, cómo mira… y cómo se analiza introspectivamente con esa naturalidad y esa soltura que exhibe Millán, lo dan los años de experiencia y un talento que pocas personas tienen. Empieza siendo pequeña, casi tímida, y de a poco se va creciendo. Y a medida que va creciendo va cogiendo, uno a uno, a cada espectador del estómago, con dulzura pero con firmeza, y lo va metiendo en la trama, en su vida, en Mario. Media hora después de haber comenzado uno siente, incluso, un cierto pudor por estar entrometiéndose en un momento tan íntimo de una persona a la que apenas conoce.

Una lástima que esta labor hecha a conciencia, con una responsabilidad y un rigor fuera de lo común, se lo cargue, en los cinco minutos que aparece, Víctor Elías. La bestia interpretativa que demuestra ser Natalia Millán devora casi con crueldad al amago de actor que trata de ser el conocido Guille de los Serrano. Forzado, poco creíble y engolado, con una sola palabra destierra a los espectadores de ese lugar común que habían encontrado con Carmen. Su falta de habilidad, siquiera para moverse por el escenario, recuerda a los asistentes que están en el Teatro Reina Victoria, que no es real lo que ven, que era una pequeña farsa por la que habían pagado para evadirse de su propia vida. Lo que hubiera podido ser la más bella de las mentiras a la que asistir en los últimos meses, gracias a Elías, se queda simplemente en el bonito sueño de una noche de invierno cualquiera.

Published in: on 23/03/2011 at 6:23 am  Comments (2)  

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2 comentariosDeja un comentario

  1. Si es que los Serrano (y sus actores-productos)han hecho mucho daño… I like this post, oh yeah!

  2. Gracias, querida amiga Leticia.


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