Crítica. Por el placer de volver a verla

 

María Cappa

Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza

En un momento de la obra

Y no me estoy refiriendo al título de la obra de Michel Tremblay que se representa en el Teatro Amaya. Hablo de la sensación que esta obra deja en el público una vez baja el telón. En realidad la pieza teatral no va de nada en concreto y sin embargo trata acerca de una figura esencial para todo ser humano: mamá.

El planteamiento es muy simple: un hombre que recuerda los momentos más significativos que pasó con su madre. Esta sencillez es la que ha caracterizado a las grandes obras de la Historia: los celos, un amor imposible, el instinto de supervivencia, la vanidad… La clave de una obra maestra, como dijimos cuando analizábamos Falstaff, nunca está en el qué, sino en el cómo. Y sin duda, Por el placer de volver a verla contiene todos los elementos para no pasar desapercibida en los próximos 300 años.

No ha habido un solo espectador que haya sido capaz de pensar en algo que no fuera la relación de un hombre, cuyo nombre siquiera es relevante, con su mamá. Con una mamá cualquiera, aunque en este caso sea la suya. Es magistral la manera en que universaliza el carácter de una madre sin pasarse a lo tópico, a lo manido. Solo voy a desvelar un mini-diálogo para que veáis lo que quiero decir. El hijo: “Mamá, tu receta de endivias con bechamel quedaría mejor si tuviera algo más del elemento que le da nombre al plato y menos del que lo adorna” La madre contesta: “¿Hay alguna cosa en 19 años que te parezca que haya hecho bien?”.

Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza

Por el placer de volver a verla

Dramática, exagerada, teatrera e incluso sarcástica como única forma de afrontar la realidad, resulta a la vez humana, protectora y leal. Constante en el apoyo, fiel en el cariño, cansina con la educación… Simplemente mamá. Miguel Ángel Solá interpreta con una versatilidad encomiable a su mismo personaje en distintas edades. Curioso ver cómo un señor de 60 años juega a ser un niño de 11. Asombroso cómo el público se prende en el juego y ve a un nene tratando de zafarse de una mamá enojada que lo reta por alguna travesura sin intención. Blanca Oteyza también interpreta bien a Nana, la madre. Mejora a medida que va avanzando la obra y acaba por convertirse en un personaje entrañable, frágil en su fortaleza y tierno en su inflexibilidad.

Emotiva, conmovedora, muy bien escrita y mejor dirigida, Por el placer de volver a verla es de esas obras que cualquiera que tenga una mínima sensibilidad artística no puede perderse. Nunca he creído en el día de la madre. Considero que la simple circunscripción del homenaje a una persona, sean enamorados, amigos o hijos, a un solo día es absurdo. Hoy he salido del Teatro Amaya pensando “qué buen regalo para mi madre. Qué forma tan apropiada de decirle que la quiero”. Ya sea para rendirle un pequeño homenaje el próximo 1 de mayo, o simplemente por el placer de hacerla feliz, id a ver con ella esta magnífica obra. Expresadle vuestro amor ayudados por esta obra de teatro y, como conmovedora excepción en nuestro blog, será la más bella de las verdades que podréis regalarle.

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