Una pareja de reincidentes

Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza

AndreaCaña

Solá y Oteyza: una pareja entrañable, encantadora, afectuosa… y, sobre todo, arrolladora cuando se sube a un escenario. En Por el placer de volver a verla los actores consiguen sorprender al público, conmoverle y camelarle. No creáis que es pura coincidencia, que “el texto es bueno y… ellos tampoco son malos”, Blanca y Miguel llevan ya algunos años trabajando juntos. Han aprendido a compenetrarse, a actuar con naturalidad y a mover al espectador, tarea no tan ardua si tenemos en cuenta la evidente química que existe entre ellos. ¿Su mayor éxito? Hoy: El Diario de Adán y Eva, libre versión de la obra de Mark Twain a cargo del director Manuel González Gil.

Pasado y presente se funden en una acción que narra el profundo amor que Dalmacio sentía por su compañera de reparto Eloísa allá por los años cincuenta. Un amor imposible, que el paso de los años parecía haber curado. Un amor tan grande que tiempo después, en una entrevista que la hija de Eloísa hace al ya viejo Dalmacio, seguirá haciendo temblar su voz, erizar su piel y nublar sus ojos. Prototípica y cotidiana esta historia sorprende y entusiasma.

Desde que se estrenara en Argentina, la obra ha cosechado notables éxitos tanto en lo que se refiere a público como en lo que se refiere a crítica. “La apuesta por un teatro apoyado sobre la fuerza y la belleza de la palabra y la voz, por un texto inteligente y elegante, y una voluntad de hacer mirar al espectador con amable crudeza, envuelta en risas, a los misterios más abismales y cotidianos del hombre, tal vez sea la clave de este milagro”, decía Luis Javier Álvarez Garrido. Premios como el Max o el de la Unión de Actores avalan la calidad de la obra.

Solá y Oteyza emocionan al público con la sola fuerza de la palabra. Es por ello que su trabajo ha recibido el reconocimiento unánime de expertos y espectadores. Ya no podemos asistir a Hoy: El Diario de Adán y Eva, pero sí a Por el placer de volver a verla. Si quieres pasar un buen rato y disfrutar del auténtico teatro no puedes perderte el cóctel Solá- Oteyza.

Anuncios

Crítica. Por el placer de volver a verla

 

María Cappa

Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza

En un momento de la obra

Y no me estoy refiriendo al título de la obra de Michel Tremblay que se representa en el Teatro Amaya. Hablo de la sensación que esta obra deja en el público una vez baja el telón. En realidad la pieza teatral no va de nada en concreto y sin embargo trata acerca de una figura esencial para todo ser humano: mamá.

El planteamiento es muy simple: un hombre que recuerda los momentos más significativos que pasó con su madre. Esta sencillez es la que ha caracterizado a las grandes obras de la Historia: los celos, un amor imposible, el instinto de supervivencia, la vanidad… La clave de una obra maestra, como dijimos cuando analizábamos Falstaff, nunca está en el qué, sino en el cómo. Y sin duda, Por el placer de volver a verla contiene todos los elementos para no pasar desapercibida en los próximos 300 años.

No ha habido un solo espectador que haya sido capaz de pensar en algo que no fuera la relación de un hombre, cuyo nombre siquiera es relevante, con su mamá. Con una mamá cualquiera, aunque en este caso sea la suya. Es magistral la manera en que universaliza el carácter de una madre sin pasarse a lo tópico, a lo manido. Solo voy a desvelar un mini-diálogo para que veáis lo que quiero decir. El hijo: “Mamá, tu receta de endivias con bechamel quedaría mejor si tuviera algo más del elemento que le da nombre al plato y menos del que lo adorna” La madre contesta: “¿Hay alguna cosa en 19 años que te parezca que haya hecho bien?”.

Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza

Por el placer de volver a verla

Dramática, exagerada, teatrera e incluso sarcástica como única forma de afrontar la realidad, resulta a la vez humana, protectora y leal. Constante en el apoyo, fiel en el cariño, cansina con la educación… Simplemente mamá. Miguel Ángel Solá interpreta con una versatilidad encomiable a su mismo personaje en distintas edades. Curioso ver cómo un señor de 60 años juega a ser un niño de 11. Asombroso cómo el público se prende en el juego y ve a un nene tratando de zafarse de una mamá enojada que lo reta por alguna travesura sin intención. Blanca Oteyza también interpreta bien a Nana, la madre. Mejora a medida que va avanzando la obra y acaba por convertirse en un personaje entrañable, frágil en su fortaleza y tierno en su inflexibilidad.

Emotiva, conmovedora, muy bien escrita y mejor dirigida, Por el placer de volver a verla es de esas obras que cualquiera que tenga una mínima sensibilidad artística no puede perderse. Nunca he creído en el día de la madre. Considero que la simple circunscripción del homenaje a una persona, sean enamorados, amigos o hijos, a un solo día es absurdo. Hoy he salido del Teatro Amaya pensando “qué buen regalo para mi madre. Qué forma tan apropiada de decirle que la quiero”. Ya sea para rendirle un pequeño homenaje el próximo 1 de mayo, o simplemente por el placer de hacerla feliz, id a ver con ella esta magnífica obra. Expresadle vuestro amor ayudados por esta obra de teatro y, como conmovedora excepción en nuestro blog, será la más bella de las verdades que podréis regalarle.

Nueva obra: Por el placer de volver a verla

Paola García

La obra que os proponemos esta semana Por el placer de volver a verla de Michael Tremblay, la hemos elegido principalmente por el placer de volver a ver a Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza, dos grandes actores que ya nos cautivaron juntos en juntos  en Diario de Adam y Eva de Mark Twain.  Dirigida por Manuel González Gil,  nos presenta la misma sensibilidad y capacidad de despertar emociones que  Diario.  Nos propone aceptar que alguien es único cuando logra despertar en el otro el placer de volver a verle. La obra ha comenzado el 24 de marzo su tercera temporada en Madrid.

Sinopsis:

Un famoso y reconocido autor y director teatral decide contarnos que nunca estamos solos, sumergiéndose en su pasado más presente. Al ser un verdadero artífice de la palabra -y de las bellas e inteligentes estructuras dramáticas-, decide hacerlo ante el público, y, como una suerte de certero cirujano o cauteloso y paciente arqueólogo, va abriéndose paso hasta lo esencial. Quiere saldar una deuda, y, para lograrlo, deberá contar con ella. Con esa irrepetible mujer. Ella es la llave que abrirá la cerradura de su última pieza teatral. Sólo ella.
El público será testigo de este viaje al corazón abierto del teatro. Sin prejuicios, ni preconceptos. Sin defensas, ni prevenciones; sin vergüenza, ni humillaciones, ni miedos, ni desgarros tortuosos; casi en una suerte de acto vital, el escritor se atreverá a convocarla una vez más, anhelando seguir haciéndolo mientras el teatro diga sí. Sólo así su nostalgia podrá adoptar el rostro de la felicidad.
Ella y él nos invitan a creer que alguien es único cuando hace nacer en ti el infinito placer de volver a verle, y que, si no fuera eso el amor, tal vez se trate de lo más semejante al amor.
La obra trata de eso: del infinito placer de volver a reír, a escuchar, a gozar y a crear con quien estará siempre por más lejos que se encuentre. El teatro, es decir, el amor en éste caso, lo hará posible.

Teatro Amaya (Paseo General Martínez Campos, 9)

         Venta de entradas: Taquilla y El Corte Inglés

A %d blogueros les gusta esto: